Frank Gehry (28 de febrero de 1929) es un arquitecto norteamericano de origen canadiense. Nació con el nombre completo de Frank Owen Gehry en Toronto, Canadá, pero adoptó más tarde la nacionalidad norteamericana. Se graduó en 1954 de sus estudios de arquitectura y comenzó a trabajar en el estudio de Victor Gruen y asociados en Los Ángeles. Tuvo que ausentarse durante un año para absolver el servicio militar, y a su regreso fue admitido a la Escuela de Diseño en la Universidad de Harvard para estudiar urbanismo. A su regreso a Los Ángeles se incorporó nuevamente al despacho de Gruen.
En 1961, ya casado y con dos hijas, Gehry se trasladó con su familia a París, donde trabajó en el estudio de André Rémonder. La educación francófona que había recibido en Canadá le fue de gran ayuda para desenvolverse en París. Permaneció un año, durante el cual estudió las obras de Le Corbusier y otros arquitectos franceses y europeos, así como las iglesias romanas existentes en Francia.
Aparte de una casa que diseñó en 1972 para uno de sus amigos artistas californianos, Ron Davis, Gehry se dedicó a trabajar para empresas y centros comerciales hasta que se construyó su casa en 1978. Se hizo con una típica casa de la Costa Oeste y la envolvió con otra casa compuesta por capas angulares de metal ondulado alambrada y madera basta. Su forma tal vez fuese convencionalmente rectilínea, pero ya apuntaba al Gehry del futuro.
Cuando regresó a Los Ángeles, Gehry abrió su propio despacho de arquitectura e hizo una serie de casa privadas para sus amigos. En los años siguientes fue desarrollando su estilo arquitectónico personal y ganando reconocimiento nacional e internacional. Su arquitectura es impactante, realizada frecuentemente con materiales inacabados. Construye un grupo de edificios extraordinarios que elevan su trabajo a nuevos niveles: el edificio de oficinas Chiat/Day en Venecia, California (1991), y el edificio Fred y Ginger de Nationale-Nederlanden en Praga (1994), donde una de las dos torres esquineras agarra a la otra por la cintura. En un mismo edificio incorpora varias formas geométricas simples, que crean una corriente visual entre ellas. Sus diseños no son fáciles de valorar para el observador inexperto, ya que una buena parte de la calidad de diseño se encuentra en el juego de volúmenes y en los materiales empleados en las fachadas, preferentemente el metal, en todo lo cual sólo el entendido reconoce enteramente la armonía y el diseño estructural.
Gehry es uno de los arquitectos contemporáneos que considera que la arquitectura es un arte, en el sentido de que una vez terminado un edificio, éste debe ser una obra de arte, como si fuese una escultura. Para acercarse cada vez más a este ideal, Gehry ha ido trabajando en sus sucesivos proyectos en esta dirección, sin abandonar otros aspectos primordiales de la arquitectura, como la funcionalidad del edifico o la integración de éste en el entorno.
Gehry, el arquitecto escultor, descubrió el diseño asistido por ordenador y el software industrial empleado para construir los jets Mirage. Con ello encontró la herramienta para convertir sus maquetas de baja tecnología, de cartón y espuma, en edificios realizables, curvados y <>. Su proyecto para DG Bank (1991), cruzando la puerta de Brandenburgo, en Berlín, sintetiza sus edificios de oficinas comerciales y sus extravagantes vuelos formales. Los estrictos controles de conservación provocaron que, en esta ocasión, los descensos brillantes estuvieses contenidos en una caja rectilínea.
En reconocimiento por su labor, Gehry recibió en 1989 el prestigioso premio de arquitectura Pritzker, comparable al premio Nobel.
Su obra es extraordinaria por su inventiva, pero a él le gusta retratarse como un individuo sencillo, incluso campechano, en cuanto al enfoque de su trabajo. Los críticos se vuelven locos intentando clasificar su obra. Él prefiere dedicarse a las narrativas entretenidas y modestas. Mientras se levantaba el Guggenheim de Bilbao, Gehry examinaba una forma equivocada desde un café situado al otro lado del río: “Honestamente, a mí me parece bien”, dijo. Al mismo tiempo, Gehry ha comparado los detalles cuidados de una ventana rinconera de su casa de Santa Mónica con el Desnudo bajando una escalera de Marcel Duchamp. Nada en el mundo de Gehry es lo que parece.
Una curiosidad:
Cuentan que un crítico de arquitectura odiaba tanto la casa que Frank Gehry se construyó en Santa Mónica que cada día llevaba a su perro a hacer sus necesidades en el césped que la rodea. Tales críticas mordaces resbalarían fácilmente por la superficie brillante de titanio